La administración Trump ha iniciado una controvertida campaña militar en el Caribe y el Pacífico oriental, realizando ataques letales contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas. Esta ofensiva, que ha resultado en más de 80 muertes, ha generado una fuerte condena internacional y un intenso debate en el Congreso estadounidense sobre su legalidad y la posible comisión de crímenes de guerra. Desde septiembre, Estados Unidos ha ejecutado al menos 22 ataques contra lo que denomina “narcolanchas”, principalmente cerca de las costas de Venezuela y Colombia. El gobierno de Trump justifica estas acciones como parte de un “conflicto armado formal” contra los cárteles de la droga, a los que considera “organizaciones terroristas designadas”.
Sin embargo, no se han presentado pruebas públicas que confirmen que las embarcaciones transportaban narcóticos o que sus tripulantes fueran “narcoterroristas”. La controversia se intensificó tras revelarse que en un ataque el 2 de septiembre, se ordenó un segundo bombardeo para matar a dos sobrevivientes que se aferraban a los restos de la lancha.
Legisladores demócratas y algunos republicanos han calificado el hecho como una posible ejecución extrajudicial y un crimen de guerra, exigiendo una investigación exhaustiva.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha defendido las operaciones, afirmando que “apenas han comenzado” y que su objetivo es la disuasión. A pesar de la presión, la Casa Blanca ha respaldado al almirante Frank M. Bradley, quien ordenó el segundo ataque, asegurando que actuó “dentro de su autoridad y conforme a la ley”. Gobiernos como el de Venezuela y Colombia, así como Naciones Unidas, han denunciado las acciones como violaciones al derecho internacional y a la soberanía.
En resumenLa campaña de ataques a 'narcolanchas' representa una escalada significativa en la política antidrogas de Estados Unidos, marcada por el uso de fuerza letal sin un proceso judicial. La operación ha provocado una crisis diplomática, un fuerte escrutinio legislativo sobre su legalidad y acusaciones de ejecuciones extrajudiciales, poniendo en tela de juicio la estrategia de seguridad de la administración Trump en la región.