Este contacto de alto nivel se produce en un momento de máxima tensión, marcado por un masivo despliegue militar estadounidense en el Caribe y amenazas de acciones directas contra Venezuela.

Trump reconoció la llamada de forma escueta a bordo del Air Force One, diciendo: “La respuesta es sí”, pero se negó a dar detalles, añadiendo: “No diría que salió bien, ni mal”. Por su parte, Maduro describió la conversación, que habría ocurrido a finales de noviembre, como “cordial” y en un “tono de respeto”, expresando su esperanza de que represente un paso hacia un “diálogo respetuoso”. Sin embargo, reportes de medios como Reuters y el Miami Herald, citando fuentes anónimas, revelan que la llamada fue un ultimátum.

Supuestamente, Trump le ofreció a Maduro una “salida segura” del país para él y su familia, con la posibilidad de exiliarse en Rusia u otro país. Maduro habría respondido con una serie de condiciones, incluyendo amnistía mundial, el levantamiento de todas las sanciones y mantener el control de las fuerzas armadas, peticiones que Washington rechazó de inmediato. Tras el fracaso de la negociación, Trump le habría dado a Maduro un plazo de una semana para abandonar el poder, el cual ya ha expirado. Este intercambio se da mientras la Casa Blanca intensifica su presión, declarando el espacio aéreo venezolano como “cerrado” y designando al “Cártel de los Soles”, que según Washington es liderado por Maduro, como una organización terrorista.