Para lograrlo, Washington “recompensará” a gobiernos y partidos alineados con sus principios.

El documento también contempla un “reajuste” de la presencia militar estadounidense para enfocarse en amenazas regionales como el narcotráfico y la migración irregular, proponiendo “despliegues enfocados para asegurar la frontera y derrotar a cárteles, incluyendo el uso de fuerza letal cuando sea necesario”. La nueva doctrina también muestra una visión crítica hacia Europa, describiéndola como una “civilización” en riesgo de “desaparición” debido a sus políticas migratorias y colocando a la Unión Europea como un adversario. En contraste, la estrategia muestra una postura más pragmática hacia China, identificándola como un competidor económico pero sin el mismo nivel de confrontación ideológica que se proyecta hacia Europa. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, reforzó esta visión al afirmar que la Doctrina Monroe está “más fuerte que nunca” y que el Pentágono no se distraerá con “la construcción de la democracia” o “guerras indefinidas”.