El presidente Donald Trump ha otorgado un controvertido indulto al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández (JOH), quien cumplía una condena de 45 años de prisión en Estados Unidos por convertir a su país en un “narcoestado” y por tráfico de drogas. La decisión ha generado fuertes críticas por la aparente contradicción con la dura retórica antidrogas de la administración Trump en América Latina. Trump justificó el indulto argumentando que Hernández fue víctima de una “trampa” y una “cacería de brujas” orquestada por la administración anterior de Joe Biden. En una rueda de prensa, Trump declaró: “Me siento muy bien por ello”.
Por su parte, Hernández agradeció al presidente estadounidense a través de redes sociales, afirmando que “la verdad de mi inocencia prevaleció”. La decisión de Trump ha sido calificada como una “incoherencia” por diversos analistas. Mike Vigil, exjefe de Operaciones de la DEA, afirmó que Hernández era un capo “más grande que ‘El Chapo’ Guzmán, es más grande que Pablo Escobar” porque, a diferencia de ellos, controlaba todo el poder de la presidencia para operar libremente. Esta acción contrasta fuertemente con la campaña militar de Trump en el Caribe, donde se han realizado ataques letales contra presuntas “narcolanchas”. El indulto se produjo en un momento políticamente sensible, coincidiendo con las elecciones presidenciales en Honduras, donde Trump apoyaba al candidato del Partido Nacional, Nasry Asfura.
La liberación de Hernández ha sido interpretada por algunos como una intervención en el proceso electoral hondureño. Tras su liberación, el paradero de Hernández es desconocido y su esposa ha declarado que no tiene previsto regresar a Honduras por temor a su seguridad.
En resumenEl indulto a Juan Orlando Hernández socava la credibilidad de la política antidrogas de la administración Trump, creando una percepción de doble moral al perdonar a un líder condenado por narcotráfico a gran escala mientras se persigue con fuerza letal a presuntos traficantes de menor nivel. La decisión, cargada de implicaciones políticas, pone de manifiesto que las consideraciones estratégicas pueden prevalecer sobre los principios de justicia y la lucha contra el crimen organizado transnacional.