El presidente Trump anunció personalmente la confiscación de un petrolero frente a las costas de Venezuela, describiéndolo como “el más grande jamás incautado”. Aunque la Casa Blanca lo presentó como una acción directa contra el régimen de Maduro, informes posteriores aclararon que el buque, de nombre Skipper, fue incautado por orden de un juez estadounidense debido a sus vínculos con el contrabando de petróleo iraní, que también está sancionado por Washington. El gobierno de Venezuela reaccionó enérgicamente, calificando el acto de “piratería internacional” y “robo descarado”.
En paralelo, Trump ha endurecido su discurso, afirmando en una entrevista con Politico que los días de Maduro “están contados” y negándose a descartar una intervención terrestre. Esta postura se enmarca en la operación “Lanza del Sur”, un despliegue militar estadounidense sin precedentes en el Caribe con el pretexto de combatir el narcotráfico, en la que Washington acusa a Maduro de liderar el “Cartel de los Soles”. Trump ha prometido que los ataques contra el narcotráfico “pronto” comenzarán dentro de territorio venezolano, lo que ha llevado a Maduro a llamar a sus ciudadanos a alistarse en milicias.
La tensión se ve amplificada por el contexto diplomático, con Irán reiterando su apoyo a Caracas frente a las “provocaciones hostiles” de Estados Unidos.












