Esta medida eleva la tensión bilateral y supedita la relación comercial a la resolución de una prolongada disputa por los recursos hídricos compartidos. La controversia se centra en el supuesto incumplimiento de México en la entrega de agua del Río Bravo a Estados Unidos, como estipula el acuerdo. Trump, a través de su red social Truth Social, acusó a México de acumular un déficit de más de mil millones de metros cúbicos en los últimos cinco años y exigió la liberación de más de 200 millones de metros cúbicos antes de fin de año. El mandatario argumentó que esta situación “está perjudicando gravemente” a los agricultores y ganaderos de Texas.

En sus palabras, “México sigue violando nuestro tratado integral sobre el agua”.

La amenaza arancelaria es una herramienta de presión recurrente en su administración. En respuesta, el gobierno mexicano, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha manifestado su disposición a negociar y buscar “el mejor acuerdo posible”. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) ha explicado que, si bien existe un faltante, este se debe a una “sequía extraordinaria” y que el propio tratado contempla que los déficits por esta causa se pueden reponer en el ciclo siguiente. Sheinbaum también aclaró que el cumplimiento está condicionado por la disponibilidad del recurso y las limitaciones de la infraestructura, como la capacidad del ducto que transporta el agua.

Se han programado reuniones entre funcionarios de ambos países para abordar la situación y evitar una escalada comercial.