Este documento marca un giro hacia una política exterior más intervencionista en América Latina y una postura crítica hacia sus aliados europeos. El documento de 33 páginas, titulado “Estrategia Nacional de Seguridad”, establece un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, con el objetivo de restaurar el “predominio estadounidense en América Latina” y negar a “competidores no hemisféricos” la capacidad de posicionar fuerzas o controlar activos vitales en la región, en una clara alusión a China y Rusia. La estrategia propone un “reajuste” de la presencia militar estadounidense para hacer frente a “amenazas urgentes” como la migración irregular y el narcotráfico, contemplando “el uso de fuerza letal cuando sea necesario” para derrotar a los cárteles.
Además, el documento afirma que Washington premiará a gobiernos y partidos alineados con sus principios.
La estrategia también adopta una retórica alarmista sobre Europa, advirtiendo sobre la “desaparición de la civilización” europea debido a las políticas migratorias y la excesiva regulación, y prometiendo apoyar a partidos “patrióticos” de ideas afines.
Esta postura ha generado fuertes reacciones; el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, advirtió a Estados Unidos que “los aliados no amenazan con interferir en las elecciones políticas internas”.
Por su parte, China respondió a la estrategia afirmando que “Taiwán es la primera línea roja que no debe cruzarse”.












