Estas detenciones se enmarcan en una política de mano dura que ha incluido redadas en ciudades gobernadas por demócratas como Los Ángeles, Nueva Orleans y Minneapolis. La estrategia de la Casa Blanca ha sido asociar sistemáticamente la inmigración irregular con la criminalidad, un enfoque que estas cifras contradicen parcialmente, mostrando que una parte significativa de los arrestados no tenía historial delictivo en Estados Unidos.