El objetivo es consolidar a Estados Unidos como la “potencia preeminente en el hemisferio occidental” y excluir a competidores extra-hemisféricos, en una clara referencia a China, de tener influencia militar o control sobre activos estratégicos en las Américas. La estrategia se resume en el principio de “Paz a través de la Fuerza”, justificando una fortaleza militar abrumadora como la mejor herramienta diplomática y de disuasión. En este nuevo orden, se rechaza el multilateralismo y se reivindica al Estado-nación como actor fundamental.

El documento critica duramente las políticas posteriores a la Guerra Fría, acusándolas de perseguir una “dominación global” costosa que debilitó la base industrial estadounidense. La nueva visión se enfoca en un interés nacional restringido a la seguridad, prosperidad e independencia de Estados Unidos, dejando en segundo plano la promoción de la democracia o los derechos humanos. Europa es descrita como un continente en declive demográfico, cultural y económico, instándola a asumir la responsabilidad de su propia defensa. Analistas como Niall Ferguson advierten que el documento es más un producto burocrático caótico que una doctrina coherente, pero su publicación ha sido interpretada en Europa como una “declaración de guerra” y la consumación de un “divorcio” transatlántico.