Estas operaciones han incluido ataques letales contra embarcaciones sospechosas y amenazas de extender las acciones a territorio de países como Venezuela, México y Colombia. Desde septiembre, las fuerzas armadas estadounidenses han destruido más de 20 embarcaciones, causando la muerte de al menos 87 personas, a quienes Washington califica como “narcoterroristas”. El presidente Trump ha justificado estas acciones como necesarias para detener el flujo de drogas y ha prometido que las operaciones se extenderán pronto al interior de los países.
“Y empezaremos a hacerlo también por tierra. Empezará por tierra muy pronto”, advirtió en una conferencia de prensa.
Estas declaraciones han elevado la tensión con Venezuela, cuyo gobierno considera que el verdadero objetivo es el derrocamiento de Nicolás Maduro. La amenaza se ha extendido a otros países; Trump afirmó que podría aplicar medidas similares en México y Colombia, e incluso advirtió directamente al presidente colombiano, Gustavo Petro, que “será el siguiente”.
Organizaciones civiles y algunos legisladores estadounidenses han cuestionado la legalidad de estos ataques, señalando que podrían constituir ejecuciones extrajudiciales. Como parte de esta campaña, el Comando Sur también reportó la incautación de 9 toneladas de cocaína en el Pacífico Oriental, calificada como la mayor interdicción en 18 años.












