La medida representa un giro significativo en las relaciones entre Washington y Brasilia, que se habían tensado a raíz del proceso judicial.

La administración Trump había sancionado a Moraes y a su esposa en julio, calificando el juicio contra Bolsonaro como una “caza de brujas”. Estas acciones punitivas formaban parte de una serie de medidas que también incluyeron la imposición de aranceles a productos brasileños. Sin embargo, tras meses de negociaciones diplomáticas, que se intensificaron después de un encuentro entre el presidente Trump y su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, la Casa Blanca ha decidido revertir su postura.

Un alto funcionario estadounidense declaró que mantener las sanciones era “inconsistente con los intereses de política exterior estadounidenses”.

El levantamiento fue celebrado por el juez Moraes y el presidente Lula como una victoria para la soberanía del poder judicial brasileño.

Por otro lado, la familia Bolsonaro, que había presionado activamente en Washington para que se impusieran las sanciones, recibió la noticia “con pesar”.

Adicionalmente, el subsecretario de Estado de EE. UU., Christopher Landau, expresó el respaldo de Washington a un proyecto de ley en Brasil que podría reducir la condena de Bolsonaro, describiéndolo como “un primer paso” para corregir supuestos abusos en el sistema judicial del país sudamericano.