Estas acciones, justificadas como una lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, han elevado las tensiones diplomáticas y generado acusaciones de violaciones al derecho internacional. En el marco de la operación 'Lanza del Sur', el Comando Sur de Estados Unidos ha ejecutado ataques cinéticos letales contra presuntas 'narcolanchas' en aguas internacionales del Pacífico y el Caribe, cerca de las costas de Colombia y Venezuela. Desde septiembre, estas operaciones han resultado en la destrucción de más de 26 embarcaciones y la muerte de al menos 95 personas, a quienes Washington califica de 'narcoterroristas', a menudo sin presentar pruebas públicas que respalden dichas acusaciones.

Esta táctica ha sido calificada por expertos y por el presidente colombiano, Gustavo Petro, como posibles 'ejecuciones extrajudiciales'.

La ofensiva se ha complementado con un masivo despliegue naval que incluye portaaviones y buques de guerra. La presión escaló con la incautación del buque petrolero 'Skipper', que transportaba crudo venezolano. El presidente Trump confirmó la operación, declarando que su país se quedaría con el petróleo, mientras que el gobierno de Nicolás Maduro denunció el hecho como un 'robo descarado y un acto de piratería internacional'.

Adicionalmente, Estados Unidos impuso nuevas sanciones a sobrinos de Maduro y a empresas navieras vinculadas al sector petrolero venezolano.

La retórica beligerante de Trump se ha extendido, advirtiendo que sus operaciones 'pronto' comenzarán en tierra y señalando al presidente colombiano, Gustavo Petro, como 'el siguiente' en su estrategia de presión regional.