Esta postura ha sido recibida con indignación en Europa, donde se interpreta como una injerencia en sus asuntos internos y un ataque a la Unión Europea. Para América Latina, el plan revive la Doctrina Monroe con un “Corolario Trump”, buscando impedir la influencia de potencias como China y Rusia en la región y asegurar el acceso a recursos estratégicos. La estrategia también rechaza explícitamente las “desastrosas ideologías del ‘cambio climático’ y el ‘cero neto’”, considerándolas perjudiciales para Estados Unidos y sus aliados. En esencia, la nueva doctrina abandona el multilateralismo y la promoción de la democracia como ejes de la política exterior, reemplazándolos por un enfoque transaccional y nacionalista donde la fuerza militar y económica son las principales herramientas para imponer los intereses de Washington.