El incidente subraya la continua amenaza terrorista y los riesgos de la presencia militar de Estados Unidos en la región. La emboscada ocurrió el sábado en la ciudad de Palmira, cuando un francotirador solitario abrió fuego contra las tropas estadounidenses mientras sostenían una reunión con líderes locales.

Además de los tres fallecidos, otros tres soldados resultaron heridos, aunque se reportan fuera de peligro.

El atacante fue abatido en el lugar. El presidente Trump calificó el suceso como “un ataque del ISIS contra Estados Unidos y Siria” y destacó que el nuevo presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, estaba “extremadamente enfadado y afectado”. Este ataque es el primero con bajas estadounidenses en Siria desde la caída del régimen de Bashar al-Assad hace un año, un periodo en el que Washington y el nuevo gobierno de Damasco han estrechado lazos, con Siria uniéndose a la coalición internacional contra el Estado Islámico. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, reforzó la advertencia de Trump, declarando que Estados Unidos eliminará “sin piedad” a quien ataque a sus ciudadanos. El incidente pone de relieve que, a pesar de la derrota territorial de ISIS en 2019, sus células durmientes siguen activas y con capacidad para llevar a cabo ataques mortales.