Como parte de una amplia campaña antidrogas en Latinoamérica, las fuerzas armadas de Estados Unidos han ejecutado una serie de ataques letales contra presuntas "narcolanchas" en el Caribe y el Pacífico Oriental. Estas operaciones, que han resultado en la muerte de casi un centenar de personas, han generado una fuerte controversia sobre su legalidad y sus verdaderos objetivos geopolíticos. Desde septiembre de 2025, el Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) ha destruido más de 30 embarcaciones y ha causado la muerte de al menos 95 a 100 personas, a quienes califica como "narcoterroristas". Los ataques, enmarcados en el operativo "Lanza del Sur", han sido ordenados por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y se han intensificado en aguas internacionales cercanas a Venezuela y Colombia. El gobierno de Trump justifica estas acciones como una ofensiva necesaria contra el narcotráfico, vinculándolas a su estrategia de máxima presión contra el gobierno de Nicolás Maduro y, más recientemente, contra cárteles colombianos como el Clan del Golfo.
Sin embargo, la administración no ha presentado pruebas públicas que confirmen que las víctimas transportaban drogas o que las embarcaciones estuvieran vinculadas a actividades ilícitas. La controversia se agudizó tras un incidente en el que se realizó un segundo bombardeo sobre sobrevivientes de un ataque inicial, lo que ha sido calificado por críticos como un posible crimen de guerra.
El Pentágono se ha negado a hacer público el video sin editar del suceso, ofreciendo acceso solo a miembros selectos del Congreso.
Gobiernos de la región, como el de Colombia, y expertos en derecho internacional han denunciado los ataques como ejecuciones extrajudiciales que violan el derecho internacional y la soberanía. La jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles, pareció confirmar las sospechas de un objetivo político al declarar a Vanity Fair que el presidente “quiere seguir volando barcos hasta que Maduro se rinda”.
En resumenLas operaciones militares letales de Estados Unidos contra embarcaciones en aguas internacionales, presentadas como una campaña antidrogas, han provocado una crisis humanitaria y diplomática. La falta de transparencia y las justificaciones cambiantes han alimentado la percepción de que los ataques son una herramienta de presión geopolítica, generando condenas y serias dudas sobre su legalidad.