La relación entre México y la administración Trump ha navegado entre la cooperación pragmática en seguridad y episodios de alta tensión diplomática y comercial. Acuerdos para combatir el crimen transnacional contrastan con amenazas arancelarias por disputas sobre la gestión de recursos hídricos compartidos, reflejando la compleja dinámica bilateral. En el ámbito de la cooperación, se llevó a cabo la segunda reunión del Grupo de Implementación de Seguridad México-Estados Unidos, donde ambos gobiernos acordaron profundizar el intercambio de información y la coordinación operativa. Los acuerdos se centraron en desafíos emergentes como el uso de drones por organizaciones criminales en la frontera, así como en continuar la lucha contra el tráfico de armas hacia México y de fentanilo hacia EE.
UU.
También se pactó fortalecer las investigaciones sobre el robo de combustibles (“huachicol”) y agilizar la cooperación en extradiciones.
Sin embargo, esta colaboración coexiste con fuertes tensiones.
El presidente Trump amenazó con imponer un arancel del 5% a México por un supuesto incumplimiento del Tratado de Aguas de 1944, acusando al país de adeudar más de 986 millones de metros cúbicos de agua y perjudicar a los agricultores de Texas.
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió que México cumpliría el tratado sin comprometer el consumo humano y que Trump no estaba bien informado.
Finalmente, se alcanzó un acuerdo por el cual México se comprometió a liberar 249.163 millones de metros cúbicos de agua a partir del 15 de diciembre. Adicionalmente, funcionarios de la administración Trump, como Katherine Dueholm, Subsecretaria Adjunta Principal del Departamento de Estado, instaron públicamente a México a reconsiderar su apoyo al gobierno de Cuba, calificándolo como un régimen “brutal y corrupto” y señalando que la política exterior mexicana no está alineada con los valores compartidos con Estados Unidos.
En resumenA pesar de los avances en la cooperación de seguridad en temas como el tráfico de armas y drones, la relación bilateral bajo la administración Trump sigue siendo volátil. La reciente disputa por el Tratado de Aguas, resuelta bajo la amenaza de aranceles, y las críticas a la política exterior mexicana hacia Cuba, demuestran un enfoque diplomático estadounidense transaccional y propenso a la confrontación.