Esta medida representa una escalada significativa en la confrontación entre Washington y el gobierno de Nicolás Maduro, generando una crisis diplomática y militar en el Caribe. La orden de bloqueo fue justificada por Trump bajo el argumento de que el "régimen ilegítimo de Maduro" utiliza los ingresos del petróleo para financiar actividades como "narcoterrorismo, la trata de personas, el asesinato y el secuestro". Además, el mandatario estadounidense reclamó la devolución de activos que, según él, fueron "robados" a Estados Unidos, declarando: "Recuerden que nos quitaron todos nuestros derechos energéticos.
Nos quitaron todo nuestro petróleo no hace tanto.
Lo queremos de vuelta".
Como parte de esta escalada, la administración Trump designó al gobierno venezolano como una "organización terrorista extranjera".
La acción más concreta fue la incautación del buque petrolero Skipper en aguas internacionales, un acto que Caracas calificó de "robo descarado" y "piratería". En respuesta, el gobierno de Maduro ordenó a su armada escoltar los buques petroleros y denunció el bloqueo ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
La crisis ha provocado una reacción internacional dividida.
Rusia y China, aliados de Venezuela, han llamado a la moderación y al diálogo, advirtiendo sobre los peligros de una escalada.
El Kremlin expresó que la situación es "potencialmente muy peligrosa" y que las decisiones de Washington "suponen una amenaza para el transporte marítimo internacional".
Por otro lado, países latinoamericanos como México y Brasil han ofrecido su mediación para buscar una solución pacífica.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, urgió a la ONU a "asumir un rol activo para evitar un derramamiento de sangre", mientras que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, confirmó haber conversado con ambos líderes para explorar una salida diplomática.













