Pekín ha condenado enérgicamente la medida, calificándola como una "señal gravemente errónea" que socava su soberanía y la estabilidad regional.
El paquete de armamento es uno de los más grandes en la historia de las relaciones entre EE. UU. y Taiwán, e incluye sistemas avanzados como 82 lanzacohetes de artillería de alta movilidad (HIMARS) y 420 misiles tácticos ATACMS, similares a los suministrados a Ucrania.
El acuerdo también contempla obuses autopropulsados, drones y misiles antitanque, destinados a reforzar significativamente la capacidad defensiva de la isla. El Departamento de Estado de EE. UU. notificó al Congreso sobre la venta, un paso procesal necesario, y el Pentágono afirmó que beneficia los intereses de seguridad nacional al respaldar la modernización de las fuerzas taiwanesas para obtener una "capacidad defensiva creíble". En respuesta, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Guo Jiakun, acusó a Washington de "ayudar a la independencia mediante las armas" y de intentar "utilizar a Taiwán para contener a China". Guo aseveró que estas operaciones "socavan gravemente la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán" y reiteró que la cuestión de Taiwán es "la primera línea roja que no puede cruzarse" en las relaciones bilaterales.
Pekín advirtió que "adoptará medidas firmes y contundentes" para defender su soberanía.
Este movimiento se produce en un contexto de competencia global, donde la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Trump describe a China como un "par cercano", aunque analistas chinos interpretan esto como una señal de "profunda ansiedad" en Washington.













