La decisión fue confirmada por la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien afirmó que la junta directiva del centro votó unánimemente a favor del cambio.
Según Leavitt, el renombramiento se debe a la "increíble labor que el presidente Trump ha realizado durante el último año para salvar el edificio". Este movimiento se produce después de que Trump tomara el control de la institución en febrero, despidiendo a su directora y nombrando a Richard Grenell en su lugar, con la promesa de que "solo lo mejor" se presentaría en el recinto. El cambio de nombre ha generado controversia, ya que el nombre original del centro fue establecido por ley del Congreso en honor al presidente John F. Kennedy tras su asesinato. Por lo tanto, cualquier modificación formal del nombre requeriría una acción legislativa.
Los opositores demócratas han calificado la medida de ilegal, argumentando que la junta directiva no tiene la autoridad para efectuar tal cambio sin la aprobación del Congreso, donde los republicanos actualmente tienen mayoría. El Centro Kennedy, inaugurado en 1971, ha sido considerado un monumento viviente a los ideales del presidente Kennedy, lo que añade una capa de significado histórico y político a la decisión de la administración Trump de añadir su propio nombre a la fachada del emblemático edificio.













