Este cambio histórico reconoce formalmente su potencial médico, pero mantiene la ilegalidad de su uso recreativo. La medida traslada la marihuana de la Lista I de la Ley de Sustancias Controladas, donde comparte categoría con la heroína, a la Lista III, junto a sustancias como la ketamina, que tienen un uso médico aceptado. Durante la firma, Trump fue enfático al aclarar que la orden "no legaliza la marihuana de ninguna manera, ni en ningún sentido, y de ninguna forma autoriza su uso como droga recreativa". El objetivo principal de la reclasificación es facilitar la investigación científica sobre el cannabis y sus compuestos, como el CBD. La orden también contempla la creación de un programa piloto para que el programa de salud Medicare reembolse a pacientes por la compra de productos de CBD.

Este cambio podría tener importantes beneficios para la industria del cannabis legal en los 24 estados donde ya se permite su uso recreativo o medicinal, aliviando potencialmente las severas cargas fiscales que enfrentan y mejorando su acceso a servicios bancarios. A pesar del avance, la medida es vista como un paso moderado que no llega a la despenalización total, una postura que cuenta con el apoyo del 57% de la población estadounidense y que contrasta con la realidad legal en casi la mitad del país.