Estas acciones marcan una escalada significativa en la confrontación económica y militar con el gobierno de Nicolás Maduro. La Guardia Costera de Estados Unidos, con apoyo del Departamento de Guerra, confirmó la intercepción de un segundo petrolero que había atracado recientemente en Venezuela. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, declaró que “Estados Unidos continuará persiguiendo el movimiento ilícito de petróleo sancionado que se utiliza para financiar el narcoterrorismo en la región”. Esta operación se produjo menos de dos semanas después de la incautación del buque Skipper.

En respuesta, el presidente Donald Trump anunció en su red social Truth Social: “Hoy ordeno un BLOQUEO TOTAL Y COMPLETO DE TODOS LOS PETROLEROS SANCIONADOS que entren y salgan de Venezuela”.

El gobierno venezolano condenó enérgicamente ambas acciones, calificándolas de “robo y secuestro” y “piratería naval”.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez advirtió que “estos actos no quedarán impunes”.

La tensión ha provocado reacciones internacionales; Irán ofreció su cooperación a Venezuela para enfrentar la “piratería y el terrorismo internacional” de EE.

UU., mientras que líderes regionales como el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva advirtieron sobre los peligros de una escalada. En contraste, el presidente argentino Javier Milei respaldó la “presión” de Trump contra lo que denominó el “narcoterrorista” Nicolás Maduro. La justificación de Washington ha variado, desde la lucha contra el narcotráfico hasta la recuperación de activos petroleros que, según Trump, fueron “robados” a empresas estadounidenses.