Esta afirmación ha generado una fuerte reacción internacional, con líderes regionales advirtiendo sobre las catastróficas consecuencias de un conflicto armado.

En una entrevista telefónica con la cadena NBC News, al ser preguntado si una guerra o intervención militar en Venezuela estaba fuera de la mesa, Trump respondió de forma contundente: “No lo descarto, no”. Esta declaración se produce en un contexto de acciones militares sostenidas, incluyendo ataques a presuntas “narcolanchas” que han dejado más de 100 muertos y la incautación de petroleros venezolanos.

El presidente también se negó a confirmar si su objetivo final es derrocar a Nicolás Maduro, limitándose a decir que el mandatario venezolano “sabe exactamente lo que quiero”.

La amenaza ha sido tomada muy en serio en la región.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió durante la cumbre del Mercosur que “una intervención armada en Venezuela sería una catástrofe humanitaria para el hemisferio y un precedente peligroso para el mundo”. Lula, junto con la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, se ha ofrecido a mediar para encontrar una salida diplomática.

Por el contrario, el presidente argentino Javier Milei, un aliado de Trump, apoyó la presión de Washington. El gobierno de Maduro ha repudiado lo que califica como amenazas de “ambiciosos imperialistas” y ha ordenado a su armada escoltar los buques mercantes como respuesta al bloqueo anunciado por Trump.