Esta escalada representa un punto crítico en las relaciones entre ambos países, con repercusiones económicas y geopolíticas a nivel global.
El presidente Donald Trump justificó el bloqueo como una medida para recuperar activos que, según él, fueron “robados” por Venezuela a empresas estadounidenses.
“Recuerden que nos quitaron todos nuestros derechos energéticos. Nos quitaron todo nuestro petróleo no hace mucho tiempo.
Y lo queremos de vuelta”, declaró.
La ofensiva se enmarca en una estrategia más amplia que incluye la designación del gobierno venezolano como “organización terrorista extranjera”, acusándolo de financiar el narcotráfico y otras actividades ilícitas con los ingresos del petróleo. La presión militar es considerable, descrita por Trump como “la armada más grande jamás reunida en la historia de Sudamérica”. Esta campaña ha incluido la incautación de al menos tres buques petroleros (Skipper, Centuries y Bella 1) en aguas internacionales, acciones que Caracas ha calificado como “piratería” y un “robo descarado”. Como respuesta, Maduro ordenó a su armada escoltar los tanqueros y denunció las acciones ante el Consejo de Seguridad de la ONU. La secretaria de Seguridad Nacional de EE.
UU., Kristi Noem, fue tajante al afirmar que Maduro “tiene que irse”.
La tensión ha provocado reacciones internacionales: China y Rusia han condenado el bloqueo, ofreciendo su respaldo a Venezuela, mientras que México y Brasil se han propuesto como mediadores para buscar una salida diplomática y evitar un conflicto armado en la región.













