El secretario de Estado, Marco Rubio, ha declarado que, para poner a “Estados Unidos primero”, se debe empezar “por tu propio hemisferio”. En este marco, se han intensificado las críticas a gobiernos de izquierda, como el del presidente colombiano Gustavo Petro, a quien Trump calificó de “alborotador” y advirtió que “más le vale andarse con cuidado”. Analistas consideran que esta política recuerda a la del “Gran Garrote”, utilizando herramientas jurídicas, políticas y económicas para socavar la soberanía de las naciones latinoamericanas y asegurar la alineación con los intereses de Washington. La estrategia busca posicionar a Estados Unidos como el “socio de primera elección” para la región, promoviendo el “nearshoring” y reforzando las cadenas de suministro regionales como contrapeso a la creciente inversión china.
Administración Trump revive la Doctrina Monroe para reafirmar su influencia en América Latina
La política exterior del presidente Donald Trump ha marcado un retorno explícito a la Doctrina Monroe, buscando reafirmar la primacía de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Esta estrategia, codificada en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, ha sido descrita como un “Corolario Trump” y se enfoca en contrarrestar la influencia de potencias extrahemisféricas como China y Rusia en la región. La renovada doctrina presenta a América Latina como un escenario de rivalidad global, donde los intereses de seguridad nacional de EE. UU. exigen limitar la presencia de competidores estratégicos. La administración Trump ha justificado una serie de acciones intervencionistas bajo esta lógica, que van desde la presión económica y diplomática hasta la amenaza militar.



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