Trump respaldó esta visión afirmando: “Lo necesitamos para la protección nacional.
Debemos tenerla”.
El mandatario también criticó a Dinamarca, asegurando que “no invierten nada” en la isla y que “no tienen ejército”.
Esta retórica ha sido calificada como una amenaza a la soberanía y una ambición expansionista.
La reacción de Dinamarca fue inmediata y contundente. El ministro de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, calificó el nombramiento de “totalmente inaceptable” y anunció que convocaría al embajador de EE.
UU. para exigir respeto a su integridad territorial.
Por su parte, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro de Groenlandia, Jens Frederik Nielsen, emitieron una declaración conjunta recordando que “no se puede anexionar otro país” y que la isla “pertenece a los groenlandeses”. La Unión Europea se unió al rechazo, con líderes como Ursula von der Leyen y Kaja Kallas reafirmando que la soberanía y la integridad territorial son principios fundamentales del derecho internacional y expresando su total solidaridad con Dinamarca.













