El gobierno de Estados Unidos ha ejecutado un ataque militar a gran escala contra más de 70 objetivos del Estado Islámico (EI) en Siria, en represalia por una emboscada que causó la muerte de dos soldados y un intérprete civil estadounidenses. La ofensiva, denominada “Operación Ataque Ojo de Halcón”, fue calificada por el Pentágono no como el inicio de una guerra, sino como una “declaración de venganza”. La operación se produjo tras el ataque del 13 de diciembre cerca de la ciudad de Palmira, donde un tirador solitario, presuntamente vinculado al EI, mató a los sargentos William Howard y Edgar Torres Tovar, y al intérprete Ayad Mansoor Sakat.
En respuesta, el presidente Donald Trump prometió “represalias muy serias”.
El Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) confirmó que la ofensiva empleó más de 100 municiones de precisión, con la participación de aviones de combate F-15, helicópteros de ataque Apache y artillería HIMARS, además del apoyo de fuerzas jordanas. Los objetivos incluyeron infraestructura, depósitos de armas y bastiones del EI en las provincias de Deir ez-Zor, Raqqa y Homs. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue contundente en su mensaje: “Si atacan a estadounidenses, en cualquier parte del mundo, pasarán el resto de su corta y angustiosa vida sabiendo que Estados Unidos los perseguirá, los encontrará y los eliminará sin piedad”. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos reportó la muerte de al menos cinco miembros del EI, incluido un líder de célula. El nuevo gobierno sirio, por su parte, expresó su apoyo a la operación, reafirmando su compromiso de combatir al EI.
En resumenEn una contundente respuesta a la muerte de personal estadounidense, la administración Trump lanzó una masiva operación militar contra el Estado Islámico en Siria. Enmarcada como un acto de “venganza” y no de guerra, la ofensiva subraya la determinación de Washington de responder con fuerza a los ataques contra sus ciudadanos en la región.