En respuesta, el presidente Donald Trump prometió “represalias muy serias”.

El Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) confirmó que la ofensiva empleó más de 100 municiones de precisión, con la participación de aviones de combate F-15, helicópteros de ataque Apache y artillería HIMARS, además del apoyo de fuerzas jordanas. Los objetivos incluyeron infraestructura, depósitos de armas y bastiones del EI en las provincias de Deir ez-Zor, Raqqa y Homs. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue contundente en su mensaje: “Si atacan a estadounidenses, en cualquier parte del mundo, pasarán el resto de su corta y angustiosa vida sabiendo que Estados Unidos los perseguirá, los encontrará y los eliminará sin piedad”. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos reportó la muerte de al menos cinco miembros del EI, incluido un líder de célula. El nuevo gobierno sirio, por su parte, expresó su apoyo a la operación, reafirmando su compromiso de combatir al EI.