El presidente declaró: “Recuerden que nos quitaron todos nuestros derechos energéticos. Nos quitaron todo nuestro petróleo... Y lo queremos de vuelta”.

Esta política se ha materializado con la incautación de al menos tres buques, incluyendo el ‘Skipper’ y el ‘Centuries’, y la “persecución activa” del ‘Bella 1’.

Las acciones han paralizado la industria petrolera venezolana, dejando los puertos congestionados y las exportaciones estancadas.

La respuesta de Venezuela ha sido contundente; el presidente Nicolás Maduro ha calificado las incautaciones de “piratería de corsarios” y “robo descarado”, y ha ordenado a su Armada escoltar a los petroleros. La crisis ha provocado una fuerte reacción internacional. Aliados de Caracas como Rusia, China y Cuba han condenado el bloqueo como una “agresión flagrante” y una violación del derecho internacional.

Por otro lado, el presidente argentino Javier Milei ha respaldado la presión estadounidense.

La ONU ha expresado su preocupación, mientras que países como México y Brasil han ofrecido su mediación para evitar un conflicto armado. La escalada se enmarca en un despliegue militar estadounidense masivo en la región, que incluye al portaaviones USS Gerald R. Ford, lo que según expertos de la ONU, podría constituir un “ataque armado” que otorga a Venezuela el derecho a la legítima defensa.