Estas declaraciones se producen en un contexto de máxima presión militar y económica, que incluye un bloqueo naval y ataques a embarcaciones en el Caribe.

En una entrevista con NBC News, al ser preguntado si una guerra con Venezuela estaba fuera de la mesa, Trump respondió de forma contundente: “No lo descarto, no”.

El mandatario se negó a confirmar si su objetivo final es derrocar a Maduro, pero lanzó una amenaza velada: “Él sabe exactamente lo que quiero. Él lo sabe mejor que nadie”, y añadió que si Maduro “se hace el duro, será la última vez que pueda hacerlo”. Estas palabras se suman a una campaña de presión que incluye un masivo despliegue naval en el Caribe, la incautación de petroleros y más de dos docenas de ataques letales contra supuestas “narcolanchas”, que han dejado más de 100 muertos. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, fue aún más directa, declarando en Fox News que Maduro “tiene que irse”. La escalada ha generado preocupación en la región; el presidente de Brasil, Lula da Silva, advirtió que una intervención armada sería una “catástrofe humanitaria” y un “precedente peligroso para el mundo”. A pesar de las crecientes tensiones, Trump ha insistido en que no necesita la autorización del Congreso para realizar ataques en territorio venezolano.