La operación fue una respuesta directa al atentado en Palmira que costó la vida a dos soldados y un intérprete estadounidenses.

La ofensiva, denominada “Operación Ataque Ojo de Halcón” (Operation Hawkeye Strike), fue confirmada por el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) y el secretario de Guerra, Pete Hegseth. Según los informes, las fuerzas estadounidenses y jordanas emplearon más de 100 municiones de precisión, utilizando una combinación de aviones de combate F-15, helicópteros de ataque Apache y artillería. El objetivo era destruir “combatientes, la infraestructura y los depósitos de armas del EI”.

El presidente Donald Trump calificó la acción en su red social como una “represalia muy seria”. Por su parte, Hegseth fue enfático al declarar: “Esto no es el comienzo de una guerra, es una declaración de venganza”. Añadió una advertencia directa a los adversarios de EE.UU.: “Si atacan a estadounidenses, en cualquier parte del mundo, pasarán el resto de su corta y angustiosa vida sabiendo que Estados Unidos los perseguirá, los encontrará y los eliminará sin piedad”. El ataque fue una respuesta a la emboscada del 13 de diciembre cerca de Palmira, donde murieron los sargentos Edgar Brian Torres Tovar y William Nathaniel Howard, de la Guardia Nacional de Iowa, y el intérprete civil Ayad Mansoor Sakat.

Tras ese incidente, Centcom informó que se realizaron 10 operaciones previas en Siria e Irak que resultaron en la muerte o detención de 23 presuntos terroristas.