Esta declaración fue percibida como una afrenta directa a la soberanía danesa.

En una rueda de prensa, Trump justificó su interés afirmando: “Lo necesitamos para la protección nacional”.

Además, criticó a Dinamarca por, según él, no invertir lo suficiente en el territorio autónomo.

La respuesta de Europa fue unánime y contundente.

El gobierno danés calificó el nombramiento y las declaraciones como “totalmente inaceptables” y convocó al embajador de Estados Unidos para exigir explicaciones y respeto a su integridad territorial.

El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, respondió con firmeza: “Groenlandia es nuestro país.

Nuestro futuro lo decidimos nosotros”.

La Unión Europea expresó su plena solidaridad con Dinamarca. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, emitieron un comunicado conjunto subrayando que “la integridad territorial y la soberanía son principios fundamentales del derecho internacional”. El presidente francés, Emmanuel Macron, también manifestó su apoyo, reforzando que la isla pertenece a su pueblo.

A pesar de que la mayoría de los groenlandeses desea independizarse de Dinamarca, las encuestas indican un rechazo a formar parte de Estados Unidos.