El anuncio, realizado en su residencia de Mar-a-Lago, Florida, es un hecho extremadamente inusual para un presidente en ejercicio. Trump detalló que el proyecto comenzará con la construcción de dos grandes “acorazados”, con un plan a largo plazo para fabricar entre 20 y 25 unidades. “Cada uno de ellos será el mayor buque de guerra en la historia de nuestro país, e incluso del mundo”, aseguró el mandatario. Según Trump, estos navíos de última generación estarán equipados con la más alta tecnología militar, incluyendo “cañones y láseres”, y tendrán la capacidad de portar “armas hipersónicas y nucleares”. Una de las declaraciones más destacadas fue su intención de involucrarse personalmente en el aspecto de los buques, describiéndose como una persona “muy orientada a la estética”. El objetivo de esta iniciativa, según el presidente, es “mantener la supremacía militar estadounidense, revivir la industria de construcción naval estadounidense e inspirar temor en los enemigos de Estados Unidos en todo el mundo”. El anuncio se produce en un contexto de críticas de Trump hacia los contratistas de defensa actuales, a quienes acusa de ser demasiado lentos en la producción. El secretario de la Marina, John Phelan, presente en el evento, respaldó la visión de construir esta nueva flota.