Trump ha dejado claro que se reserva la última palabra sobre cualquier acuerdo, declarando enfáticamente: “(Zelenski) No tiene nada hasta que yo lo apruebe”.
La reunión, programada para el domingo 28 de diciembre, es el punto culminante de una intensa actividad diplomática liderada por Washington, con la participación de enviados como Jared Kushner y Steve Witkoff. El plan propuesto, que según Zelenski está completo en un 90%, contempla la congelación del frente en las líneas actuales y la posible creación de zonas desmilitarizadas, pero abandona dos demandas clave de Moscú: la retirada total de Ucrania del Donbás y un compromiso legal de no unirse a la OTAN. A cambio, Ucrania recibiría garantías de seguridad de Estados Unidos similares a las de la Alianza Atlántica. Sin embargo, persisten desacuerdos significativos sobre el futuro de la región del Donbás y la gestión de la central nuclear de Zaporiyia, actualmente bajo control ruso. Washington ha propuesto un control conjunto de la central, una idea que Zelenski rechaza, mientras que presiona a Kiev para que se retire del 20% de la región de Donetsk que aún controla.
Zelenski ha condicionado cualquier cesión territorial a un referéndum popular.
El Kremlin ha reaccionado con escepticismo, acusando a Kiev de querer “torpedear” las negociaciones y calificando las propuestas de “poco constructivas”.













