El presidente Trump ordenó lo que describió como una “cuarentena” o “bloqueo” de los buques petroleros sancionados que entran o salen de Venezuela, una acción que el gobierno de Maduro y organismos como la ONU han calificado de “piratería” y “ataque armado”.
Para hacer cumplir esta medida, Estados Unidos ha desplegado una fuerza naval significativa en la región, incluido el portaaviones USS Gerald R. Ford, y ha interceptado al menos tres buques petroleros.
Trump ha justificado estas acciones afirmando que Venezuela “les quitó los derechos petroleros a las empresas estadounidenses y aseguró que los quiere de vuelta”, un argumento que los expertos consideran “muy mal informado” en relación con la nacionalización de la industria petrolera venezolana en 1976. La política también se enmarca como una operación antinarcóticos, con ataques a embarcaciones que supuestamente transportan drogas, los cuales han resultado en más de 100 muertes. Esta campaña militar está impulsada por asesores como Marco Rubio y Stephen Miller, quienes la ven como una forma de debilitar a Maduro, contrarrestar a los cárteles y asegurar el acceso de Estados Unidos al petróleo.
Trump ha emitido amenazas directas, declarando sobre Maduro: “Si se hace el fuerte, será la última vez que lo haga”. La política ha paralizado la industria petrolera de Venezuela y ha provocado la condena de Rusia y China.













