Trump describió los nuevos navíos como “acorazados” que serán “cien veces más poderosos” que los existentes, y afirmó que serán los “más grandes en la historia de nuestro país, e incluso del mundo”.
El plan inicial contempla la construcción inmediata de dos buques, con el objetivo de expandir la flota a entre 20 y 25 unidades a largo plazo. Estos buques, según el presidente, estarán equipados con la más alta tecnología, incluyendo “armas láser, las más modernas del mundo”, y tendrán la capacidad de portar armas hipersónicas y nucleares.
Trump, describiéndose como una persona “muy orientada a la estética”, aseguró que se implicará personalmente en el diseño de los nuevos barcos. Criticó a los contratistas actuales de la Armada por su lentitud, insistiendo en la necesidad de construir los acorazados “con rapidez”. Este anuncio se produce en un contexto de crecientes tensiones internacionales, particularmente con Venezuela, donde la administración Trump ha ordenado un bloqueo naval. El plan busca revitalizar la industria naval estadounidense y “ayudarán a mantener la supremacía militar estadounidense e inspirarán miedo en los enemigos de Estados Unidos en todo el mundo”.













