“Previamente les advertí a estos terroristas que si no detenían la masacre de cristianos, se desataría un infierno, y esta noche lo hubo”, escribió, añadiendo que “todos los campamentos quedaron diezmados”.
El gobierno de Nigeria confirmó su cooperación en la operación, indicando que fue una “operación conjunta” basada en inteligencia proporcionada por ellos y dirigida contra “terroristas”, no contra una religión específica. El secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, respaldó la acción, que incluyó el uso de misiles Tomahawk, y advirtió que “habrá más”.
Sin embargo, la narrativa oficial ha sido cuestionada.
Analistas y reportes locales señalan que el estado de Sokoto, objetivo de los ataques, es predominantemente musulmán, y que estas comunidades a menudo sufren la mayor parte de la violencia terrorista. Además, existe un debate entre expertos sobre los verdaderos vínculos entre los grupos insurgentes locales, como los Lakurawa, y la red global de ISIS. Residentes de Jabo, una de las zonas afectadas, informaron haber escuchado los ataques pero negaron la presencia de campamentos terroristas en su área, lo que sugiere que civiles podrían haber quedado atrapados en el conflicto.













