Landry, por su parte, aceptó el cargo como “voluntario para hacer que Groenlandia forme parte de Estados Unidos”.
Esta postura ha sido recibida con una firme y unificada respuesta de rechazo. El ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, calificó el nombramiento de “totalmente inaceptable” y convocó al embajador de EE.UU. para exigir respeto a la soberanía danesa. En una declaración conjunta, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, recordaron que “no se puede anexionar otro país” y que las fronteras se basan en el derecho internacional.
Nielsen fue aún más directo, afirmando: “Groenlandia es nuestro territorio.
Aquí se toman nuestras decisiones”.
La Unión Europea ha expresado su total solidaridad con Dinamarca.
Líderes como Ursula von der Leyen y Emmanuel Macron han reafirmado que la soberanía y la integridad territorial son principios fundamentales del derecho internacional.
El interés de Trump en Groenlandia se debe a su estratégica ubicación en el Ártico, una región de creciente importancia geopolítica por sus rutas marítimas y ricos recursos minerales, en un contexto de competencia con Rusia y China.













