Aunque se negó a especificar si la operación fue llevada a cabo por la CIA o por fuerzas militares, sus declaraciones marcan un cambio cualitativo, pasando de acciones en aguas internacionales a un ataque directo en suelo venezolano. Esta campaña, denominada “Operación Lanza del Sur”, ha resultado en la destrucción de más de 30 embarcaciones y la muerte de más de un centenar de personas desde septiembre, acciones que Washington califica como legítimas contra “narcoterroristas”. La ofensiva se complementa con la designación del gobierno de Maduro como una “organización terrorista extranjera” y un “bloqueo total” a los barcos petroleros sancionados. La jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles, sugirió que el objetivo final es un cambio de régimen. Trump ha reforzado esta idea con amenazas directas, advirtiendo a Maduro que si “quiere jugar rudo, sería la última vez que podría ponerse rudo”, y afirmando que sería “inteligente” si dejara el poder.

El mandatario también confirmó haber mantenido una conversación telefónica reciente con Maduro, de la cual, según él, “no salió nada”. La estrategia de Washington parece combinar la asfixia económica, a través del bloqueo petrolero, con la intimidación militar, generando una elevada tensión en la región y el rechazo de diversos actores internacionales.