A pesar del recorte, la Casa Blanca sostiene que Estados Unidos se mantiene como el principal donante humanitario a nivel global.

Los fondos se canalizarán a un fondo general para ser distribuidos según las prioridades de Washington, un cambio que busca, según el gobierno, reformar un sistema humanitario considerado “insostenible” e “ineficiente”.

El subsecretario de Asuntos Humanitarios de EE.

UU., Jeremy Lewin, aseguró que la nueva forma de entregar la ayuda será “dos veces más eficiente”. Sin embargo, críticos y trabajadores humanitarios han expresado su preocupación, advirtiendo que la disminución de la ayuda occidental ya ha tenido efectos directos en el aumento del hambre, el desplazamiento forzado y la propagación de enfermedades en diversas regiones del mundo. La ONU, por su parte, ha ajustado su solicitud de fondos para 2026 a 23 mil millones de dólares, casi la mitad de lo solicitado para 2025, reflejando la caída del apoyo de los donantes.