Debemos tenerla”.

Por su parte, el recién nombrado enviado especial, Jeff Landry, calificó como un “honor” su designación y expresó su apoyo a que Groenlandia “pase a formar parte de Estados Unidos”.

Esta postura ha sido interpretada como una amenaza a la soberanía danesa y a los principios del derecho internacional.

La respuesta europea no se hizo esperar. La Comisión Europea afirmó que la integridad territorial de Dinamarca es “esencial” para la UE, mientras que líderes como Ursula von der Leyen y Emmanuel Macron expresaron su solidaridad con Copenhague. El primer ministro de Groenlandia, Jens Frederik Nielsen, lamentó la insistencia de Trump, afirmando que su pueblo tiene una democracia sólida y el derecho a la autodeterminación.

“Groenlandia es nuestro territorio.

Aquí se toman nuestras decisiones”, sentenció.

El gobierno danés anunció que convocará al embajador estadounidense para exigir explicaciones y respeto a su soberanía.

El interés de Washington en la isla no es nuevo y se enmarca en la creciente importancia geoestratégica del Ártico, una región rica en recursos minerales y nuevas rutas marítimas debido al deshielo.