En 2025, la administración Trump intensificó su guerra comercial con China, una de las políticas distintivas de su presidencia, mediante la imposición de nuevos aranceles que tensaron el comercio global. Esta estrategia proteccionista, bajo el lema “America First”, no solo afectó a China, sino que también generó incertidumbre en los mercados y reconfiguró las cadenas de suministro a nivel mundial. El 1 de febrero, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva imponiendo un arancel del 10% a las importaciones chinas, lo que provocó medidas recíprocas por parte de Pekín y una escalada que llevó los gravámenes a niveles mucho más altos en los meses siguientes.
La tasa promedio para productos chinos llegó a situarse entre el 29% y el 48%. La justificación de la Casa Blanca fue la necesidad de revertir el déficit comercial y proteger la industria nacional. La disputa comercial dominó el panorama económico, llevando a la Organización Mundial del Comercio (OMC) a rebajar sus previsiones de crecimiento.
Eventualmente, tras rondas de negociaciones, se alcanzó una tregua, pero los aranceles se mantuvieron como una herramienta de presión política.
Trump los utilizó no solo con fines económicos, sino también para presionar a países en otros ámbitos, como a México por la migración. La política arancelaria tuvo consecuencias internas en Estados Unidos, contribuyendo a la persistencia de la inflación y afectando el poder adquisitivo de los consumidores. Curiosamente, en medio de este conflicto, México emergió como un “inesperado ganador”, según The Wall Street Journal, al captar parte del mercado que dejaron los productos chinos y posicionarse como el principal socio comercial de Estados Unidos.
En resumenLa escalada arancelaria de Trump contra China en 2025 consolidó la guerra comercial como un pilar de su política exterior, generando una disrupción en el comercio mundial y afectando la economía estadounidense. Aunque se alcanzó una tregua, la estrategia reafirmó el uso de aranceles como instrumento de presión geopolítica y redefinió las alianzas comerciales de Estados Unidos, con consecuencias tanto para sus rivales como para sus socios.