En Yemen, Washington lanzó la “Operación Jinete Duro” en marzo, manteniendo ataques aéreos y marítimos constantes contra objetivos hutíes durante casi dos meses.

Un bombardeo ordenado por Trump el 18 de abril contra el puerto de Ras Isa dejó, según autoridades locales, decenas de muertos y heridos, a pesar de que EE.

UU. aseguró que no se buscaba afectar a civiles.

Líderes hutíes denunciaron más de 900 bombardeos en un solo mes antes de que Trump anunciara el fin de la ofensiva en mayo, afirmando que el grupo se había “rendido”. En el marco de la guerra entre Israel e Irán, Trump anunció en junio la “Operación Martillo de Medianoche”, un ataque contra tres instalaciones nucleares iraníes (Fordo, Natanz e Isfahán), que Washington calificó como un “éxito total”. En África, las operaciones en Somalia se multiplicaron por diez, con más de 100 bombardeos en 2025 frente a los 10 del año anterior, mientras Trump calificaba al país como “fuera de control”. En Siria, la “Operación Ojo de Halcón” se lanzó en diciembre como represalia por la muerte de militares estadounidenses, atacando más de 70 objetivos del Estado Islámico.

Finalmente, durante las fiestas decembrinas, EE.

UU. bombardeó posiciones del Estado Islámico en Nigeria, una acción que Trump describió como un “regalo de Navidad” y que el secretario de Guerra, Pete Hegseth, advirtió que sería seguida por más ataques.