A pesar de un optimismo declarado y reuniones de alto nivel, el conflicto persistió con puntos clave, como el estatus territorial del Donbás, sin resolverse. Donald Trump y Volodímir Zelenski se reunieron en Mar-a-Lago, Florida, donde ambos líderes afirmaron que un acuerdo de paz estaba “muy cerca” y que el 90% de un plan de 20 puntos ya estaba acordado.

Previo a este encuentro, Trump sostuvo conversaciones telefónicas “muy productivas” con Vladímir Putin.

El plan de paz propuesto por EE. UU. incluía garantías de seguridad “sólidas” para Ucrania por 15 años, con una participación activa de Europa, y un plan de prosperidad económica. Zelenski, por su parte, solicitó extender estas garantías hasta por 50 años y se mostró dispuesto a someter a referéndum un eventual acuerdo que implicara concesiones.

Sin embargo, persistieron “asuntos muy espinosos”, como el control territorial del Donbás y la gestión de la central nuclear de Zaporiyia. Mientras Trump se mostraba optimista, el Kremlin exigía la retirada ucraniana del Donbás.

La situación se complicó cuando Rusia acusó a Ucrania de un ataque con 91 drones a una residencia de Putin, lo que llevó a Moscú a amenazar con “revisar” su postura en las negociaciones. Zelenski negó el ataque, calificándolo de “mentira” para socavar los esfuerzos de paz. A pesar de los diálogos, Rusia continuó con ataques masivos a Kiev, lo que generó dudas sobre su verdadera voluntad de negociar.