El acuerdo permitió la liberación de rehenes israelíes y prisioneros palestinos, así como un mayor flujo de ayuda humanitaria a Gaza.
Hacia finales de año, Trump recibió al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en Mar-a-Lago, Florida, para discutir la segunda fase del plan.
En una conferencia de prensa conjunta, Trump lanzó una dura advertencia a Hamás: “Si no se desarman, tal y como acordaron, lo pagarán caro”.
Afirmó que el grupo tiene un “periodo de tiempo bastante corto” para entregar sus armas, una condición que describió como central para avanzar. A pesar de reconocer que Washington y Tel Aviv “no coinciden 100 por ciento” en temas como los asentamientos en Cisjordania, Trump expresó su total respaldo a Netanyahu, asegurando que Israel “ha cumplido el plan”. Por su parte, el brazo armado de Hamás, las Brigadas Ezedin al Qasam, declaró que no renunciaría a sus armas mientras la “ocupación perdure”. Netanyahu, a su vez, anunció que propondría a Trump para el Premio Israel, un galardón nunca antes otorgado a un no israelí.













