En un encuentro en su residencia de Mar-a-Lago, Trump lanzó una advertencia directa a Hamás, afirmando que "lo pagará caro" si no se desarma "en un periodo de tiempo bastante corto", tal como, según él, fue acordado. El plan de paz impulsado por Washington contempla, en su segunda etapa, el desarme total de Hamás, la retirada completa de las fuerzas israelíes del enclave, el establecimiento de un gobierno de transición y el despliegue de una fuerza internacional de estabilización. La presión estadounidense fue clave para lograr el cese de hostilidades, que permitió un mayor flujo de ayuda humanitaria y el intercambio de rehenes por prisioneros palestinos. La relación entre Trump y Netanyahu ha sido un eje de esta diplomacia; el primer ministro israelí ha elogiado la ayuda "inestimable" de Trump y anunció su intención de otorgarle el "Premio Israel", un galardón nunca antes concedido a un no israelí. A pesar del optimismo de Washington, Hamás ha rechazado la entrega de armas.

Su portavoz, Abu Obeida, declaró que el grupo "no renunciará a sus armas mientras la ocupación perdure".