Esta estrategia ha generado incertidumbre en los mercados mundiales, ha tensado las relaciones con socios clave como China y México, y ha sido citada como un factor en la persistencia de la inflación en Estados Unidos. A principios de año, la Casa Blanca impuso un gravamen generalizado del 10% y tasas adicionales a más de 180 países, desencadenando una escalada arancelaria, especialmente con China. Tras meses de negociaciones, se alcanzaron treguas con algunas economías como la Unión Europea, pero la tensión con Pekín persistió, con gravámenes promedio que se mantuvieron elevados. La administración Trump ha utilizado los aranceles no solo con fines económicos, sino también como instrumento de presión política, aplicándolos contra México por la migración irregular o contra Brasil por el procesamiento judicial de su aliado Jair Bolsonaro.

El gobierno defiende estas medidas argumentando que generan "una gran riqueza" y fortalecen la seguridad nacional. Sin embargo, economistas y el propio presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, han atribuido a los aranceles la persistencia de la inflación, lo que deteriora el poder adquisitivo de los estadounidenses. Ante la presión por el costo de vida, Trump decidió a mediados de noviembre eliminar aranceles sobre algunos productos alimenticios importados.

En este contexto, un reporte de The Wall Street Journal señaló a México como un "inesperado ganador", ya que ha captado parte del comercio desviado de China debido a la disparidad en las tasas arancelarias.