La presión económica se extendió a terceros, con el Departamento del Tesoro sancionando a cuatro empresas chinas (Aries Global Investment, Corniola Limited, Krape Myrtle y Winky International) por transportar crudo venezolano. La situación escaló con la persecución del petrolero Bella 1, que huyó de la Guardia Costera de EE.

UU. y reclamó protección rusa pintando una bandera de ese país en su casco.

Este incidente llevó a Rusia a solicitar formalmente a Estados Unidos que detuviera la persecución, añadiendo una dimensión diplomática al conflicto.

La estrategia ha dejado, según reportes, unos 17.5 millones de barriles de petróleo varados en el Caribe, afectando gravemente la capacidad de exportación de Venezuela.