La operación militar estadounidense en Venezuela generó una profunda división en la comunidad internacional, con reacciones que van desde la celebración hasta la condena enérgica. Gobiernos de izquierda y aliados de Venezuela, como México, Brasil, Colombia, Cuba, Rusia y China, repudiaron la intervención por considerarla una violación del derecho internacional y la soberanía venezolana. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó que la acción viola la Carta de la ONU y defendió la Doctrina Estrada de no intervención. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, calificó el ataque como un 'precedente extremadamente peligroso', mientras que Gustavo Petro de Colombia lo consideró una 'agresión a la soberanía de América Latina'. Por otro lado, gobiernos alineados con la administración Trump, como los de Argentina, Paraguay, Ecuador y Bolivia, celebraron la caída de Maduro.
El presidente argentino, Javier Milei, expresó su apoyo total a Washington, declarando: 'Aquí no hay medias tintas ni grises.
Se está del lado del bien, o se está del lado del mal'.
Daniel Noboa, de Ecuador, afirmó que 'a todos los criminales narco chavistas les llega su hora'.
La Unión Europea y el Reino Unido llamaron a la contención y al respeto del derecho internacional. El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó estar 'profundamente alarmado' y calificó la acción como un 'precedente peligroso'. Esta polarización también se reflejó en las calles, donde comunidades de exiliados venezolanos en ciudades como Miami y Santiago de Chile celebraron, mientras que en otras capitales, como Ciudad de México y La Habana, se organizaron protestas en contra de la intervención.
En resumenLa captura de Nicolás Maduro dividió al mundo: mientras aliados de Estados Unidos y opositores al chavismo celebraron, una mayoría de países latinoamericanos, junto con potencias como Rusia y China, condenaron la acción como una violación a la soberanía y al derecho internacional.