El mandatario justificó esta medida argumentando que la industria petrolera venezolana fue construida por Estados Unidos y que gobiernos socialistas posteriores la 'robaron', calificándolo como 'el mayor robo de propiedad estadounidense en la historia'. Esta postura confirma las sospechas de analistas y las acusaciones del propio gobierno chavista de que el interés principal de Washington no era la democracia, sino los recursos naturales. Según expertos como Ramsés Pech, esta toma de control creará un nuevo orden geopolítico en el sector de los hidrocarburos. Actualmente, el 80% del petróleo venezolano se destina a China; ahora, Trump podría redirigir esa producción al mercado estadounidense para abaratar el precio de las gasolinas, controlar la inflación y bajar las tasas de interés en su país. La promesa de reembolsar a las empresas internacionales expropiadas por Hugo Chávez también forma parte de esta estrategia para reafirmar los intereses económicos de Estados Unidos en la región. El escritor Stephen King, citado en uno de los artículos, resumió la percepción de muchos críticos: 'No se trata de drogas, se trata de petróleo'.