Tras la detención, Maduro y Flores fueron trasladados en helicóptero al buque de guerra USS Iwo Jima y posteriormente a Nueva York para enfrentar a la justicia. La operación, justificada por Washington como una medida contra el narcoterrorismo, no estuvo exenta de controversia; el gobierno venezolano la calificó como un “secuestro de Estado” y una “agresión imperialista”, mientras que la Casa Blanca publicó imágenes de Maduro bajo custodia para confirmar el éxito de la misión.