El presidente Donald Trump ha designado a un equipo de línea dura para supervisar la transición en Venezuela, encabezado por el Secretario de Estado, Marco Rubio, el Secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el asesor de seguridad y migración, Stephen Miller. Esta selección centraliza el control de la política hacia Venezuela en figuras clave de su administración, conocidas por su firmeza en asuntos exteriores y su alineamiento con la doctrina de “América Primero”. En una entrevista, Trump confirmó la composición del equipo, aunque aclaró que él mismo tendrá la última palabra en las decisiones.
“Es un grupo de todos.
Todos son expertos en diferentes (campos)”, aseguró el mandatario.
Marco Rubio ha sido una de las voces más visibles, explicando que la gestión se enfocará en la “dirección” política del país y en mantener la presión para proteger los intereses de Estados Unidos. Por su parte, Pete Hegseth ha proporcionado detalles sobre la operación militar, mientras que Stephen Miller, arquitecto de la política migratoria de Trump, es considerado para “un rol más elevado” en la gestión de la crisis, según The Washington Post. Este equipo ha sido el encargado de informar a los líderes del Congreso sobre la operación y los planes a futuro, en sesiones que han dejado a los demócratas con “más preguntas que respuestas”, según el líder del Senado, Chuck Schumer. La elección de este trío subraya una estrategia enfocada en la coerción y el control directo, en lugar de una transición negociada con la oposición.
En resumenTrump ha confiado la gestión de la crisis venezolana a un núcleo de asesores de línea dura, incluyendo a Marco Rubio, Pete Hegseth y Stephen Miller. Esta decisión indica que la estrategia estadounidense priorizará el control directo, la presión y el alineamiento de Venezuela con los intereses de Washington, marginando las soluciones diplomáticas tradicionales.